Ayer cerré el libro poesía Reunida de Peri Rossi con sus más de 800 páginas a cuestas y lo primero que hice fue volver a Cortazar para releer los poemas a Cris de Salvo el Crepúsculo. Veinte años después he vuelto a leerlo sabiendo quien es Cris realmente. Porque ayer, cuando cortazar hablaba de Cris, yo había leído ya su poesía completa y aunque no puedo decir con ello que la conozca como Cortazar, si sé cuales son sus anhelos, sus miedos, sus placeres y angustías, sus momentos de alegría y tristeza, su pasión por la vida y la piel y el amor y su pasión por no vivir. Y es que Cristina Peri Rossi es una poeta que me ha sonado a aire entre las manos, a viento a ras de suelo, libre y ligera, y es que resulta que ella y sus versos y la frescura y suavidad de las caricias e ideas que abre a su paso son su pasión por ser y sentir y amar amores, paisajes, su Uruguay de exiliada y cierto, poco, aunque rotundo, ataque al capitalismo desmedido, supongo que fruto de su juventud revolucionaria en un país y una época en el que te la jugabas en serio.

Cristina Peri Rossi es una poeta de la piel y los susurros, del tacto y la meoria, poeta de los rincones y los cuerpos que gozan, del placer rotundo de conquista constante y y de la belleza de amar a otro ser humano para no morir o para morir de amor.

Y ha escrito el poema más triste, impactante y doloroso que jamás he leído… ahí quieto, a la vuelta de la esquina, de la página, entre poemas de amor y belleza de ser, entre poemas de desamos y belleza de seguir buscando, salta como sus tres escuentos versos.

 

50 aniversario. Una docena de rosas amarillas /y una leyenda: no tardes. / no tengo todo el tiempo del mundo.

O estos primeros poemas de su maravilloso libro Evhoé:

Quedó, lisa y promunciada como una muerta.

o este:

Se viste y es como tapar una ciudad.

 

De esas que fueron en otro tiempo canciones / de esas que hoy son pasto de olvido

o este:

Y de pronto, súbitamente el grito.
Descendiendo por las piernas abiertas, el grito.
Licuándose en las caderas duras como anclas, el grito.
Forzándonos a salir, el grito.
Brutal, ojeroso, hondo gutural,
onomatopéyico
negro, desentrañado,
el grito: partido en dos,
hecho de sangre,
voz de la víscera,
palabra sin lugar en el diccionario.

 

y aquí dejó el poema más impactante que le leído jamas:

Querida Mama:
¿Cuando te morirás
para que yo pueda suicidarme
sin sentimiento de culpa?