Siempre he tenido devoción por Francisco Umbral. Desde aquel primer libro suyo que lei allá por los años 90 “Capital del dolor” hasta el todopoderoso poemario Mortal y Rosa, basado en la pérdida de su hijo cuando apenas tenía tres o cuatro años, sus libros me han ido acompañando a lo largo de la vida asociándose conmigo como un amigo de lucha.

Siempre me ha gustado su estilo de descripciones extrañamente circulares y mala leche congénita, su mirada como aérea de las situaciones normalizadas y su remarcada estéticade de editorialista crítico.

No recuerdo quien dijo que las novelas de Francisco umbral son modernamente costumbristas, forzadas en sus pausas y transitables a un nivel cómodo de suceder cosas sin más a través de historias de poca intriga narrativa y tensión argumental, pero es precisamente eso lo que las hace casi únicas, y es que el Umbral escritor de novelas no tenía relamente nada que contar, ninguna historia, nada sino la simple descripción pausada de la existencia, descripción personalista, Umbraliana, de la vida.

Y leyenda del Cesar Visionario es algo de esto: con la excusa de novelar una historia sencilla de soldados rojos guerracivilistas en bando Nacional, en tierra hostil y monjas poco monjas, articula un lúcido relato sobre el dictador Franco y sus normas de uso y disfrute del mundo… y lo hace con ironía, humor, horror y mala baba… Umbral en estado puro.