Sé que Gabriel Celaya es considerado un gran poeta, un poeta de referencia de la poesía social de los 50. Su obra es tan extensa que da vértigo adentrarse en ella. Personalmente  no me había atrevido con ninguno de sus poemarios por esa cierta intranquilidad que me generaba el poder descubrirle tan interesante que me viese obligado a leer toda su obra, hasta que un día, en una librería de libros de segunda mano de cerca de la glorieta de Quevedo, en Madrid, descubrí entre sus estantes viejos y polvorientos este pequeño librito de poemas: Los poemas de Juan de Leceta, escrito en 1961. Lo leí en apenoas un día. Es francamente corto, de lectura rápida y ligera, de versos como ronroneantes, livianos y un poco, no sé, como aniñados… no se explicarlo claramente pero la sensación que me han producido estos poemas es es la misma que me producen los políticos cuando argumentan desde marcos comunes en los que no te la juegas sino que reproduces estereotipos y criterior comunes básicos que no arriesgan nada, como inmaduros… no sé explicarlo mejor si parecer un puto listillo…

La verdad es que no me han gustada nada, pero eso no quita, sobre todo tratándose de un grande como Celaya, y de haber leído una pequeña muestra de lo que es su poesía, que no vaya a seguir leyéndole. Como con cierta música, a veces es necesario dar y darse ciertas segundas oportunidades para descubrir nuestros errores en los rincones de la genialidad ajena oculta o desconocida.

Mi sola soledad en medio de la risa