En memoria de una superviviente, Dorish Lessing recrea un mundo apocalíptico en el que una mujer mayor y una niña preadolescente deben sobrevivir sin más lógica que la de superar día a dia las horas que pasan sin esfuerzo alguno, a un mundo sin electricidad, sin apenas recursos de ningún tipo y sin apenas comida y en el que bandas organizadas de jóvenes semisalvajes practican el canibalismo y la destrucción a su paso.

La historia, que se mueve en una distopía extraña, en la que se nos ocultan causas y justificaciones sobre el porque de la situación y cuales son los límites aceptables de la misma, sus márgenes de actuación, transcurre, a mi modo de ver, con una lentitud excesiva que, aunque sirve para definir el paso aburrido del tiempo y el cambio en la relación de poder de la pareja protagonista y todo el entorno y las relaciones que recorren entre los personajes secundarios, desorienta y xxx demasiado. A pesar de esto, de su minuciosidad cíclica, me ha gustado el libro: el trasnfondo de las ideas que presenta, que destila despacio como un alambique ilegal de guisqui, el leve aleteo de su irreductible feminismo, la dualidad del mundo que presenta y oculta a partes iguales, las convicciones semi escondidas que defiende, la crítica a no se sabe bien qué cosas, la convierte en una rara curiosodad literaria que debe ser leída.

Es el primer libro que leo de Doris Lessing, y creo, según dicen, que no es de los mejores, así que esperaré a terminarme el Cuaderno Dorado para hacerme una idea de quien era Doris Lessing.

Por ahora, mejor Premio Nobel que Bob Dylan, eso seguro.