Hace apenas dos meses no tenía ni idea de quien era Robert Walser. Lo descubrí en un blog literario en el que hablablan maravillas de su obra y su persona, y en especial, de su maravillosa novela corta El Paseo y lo cercana que estaba en forma y fondo a los Kafka o los Proust. Descubrí que en cuanto curioseabas un poco por internet a cerca de quien era y que había escrito Robert Walser, todo eran halagos a su persona y su obra, y sobre todo, a su novela corta El Paseo y todo lo que esta representaba, así que, sin más, decidí leerla.

Tres horas y pico despues -es realmente corta- había descubierto quien era Walser y que era su obra EL Paseo y, sinceramente, no sé si podía compartir la admiración, respeto y ovaciones que había escuchado a cerca de él.

A mi no me ha gustado tanto esta novela, me ha parecido incluso un poco insulsa, leve. Es verdad que es un escritor fino y delicado, muy, muy delicado en sus aproximaciones a las superficialidades que le rodean durante este paseo, pero también es cierto que su estilo es demasiado, como díría, no sé… arcaico, exageradamente barroco, no, no es la palabra, algo más tipo viejuno lo definiria correctamente, incluso para ese 1917 en que está escrita la novela, además, sin querer pecar de snob, y teniendo en cuenta en mi defensa que hace un año me atreví a empezar a leer En busca del tiempo perdido, creo que despues de Proust, Walser se queda demasiado en la superficie del mundo, acaricia pero no huele, toca pero no palpa ni destroza las cosas que le rodean, no delimita su existencia desde su propio estar frente a ella, en este caso su paseo, su estar en el mundo, en el tiempo de paso, no dice nada nuevo, nada realmente interesante: falta que el personaje avance hacia algo, evolucione en algo propio.