Aunque tengo en espera varios ensayos de Žižek que quiero leer con bastante urgencia, he decidido empezar por este escuento y sencillo ensayo sobre el islam y la modernidad, por el simple hecho de que me parece interesante ver cómo enfoca el siempre conplejo conflictivo inter rreligioso un filósofo marxista como él y sobre todo porque era lo suficientemente corto como para abordar el pensamiento de Slavoj sin tener que recorrer vastos tratados hegelianos. El resultado es este pequeño resumen de ideas que me quedo para mi:

 

Si los llamados fundamentalistas de hoy día creen realmente que han encontrado su camino a la Verdad, ¿por qué se sienten amenazados por los no creyentes, por qué los envidian?

 

Cuando un budista se encuentra con un hedonista occidental, apenas lo condena. Se limita a señalar de forma benevolente que la búsqueda de la felicidad del hedonista es autodestructiva. En contraste con los fundamentalistas verdaderos, los pseudofundamentalistas terroristas están profundamente irritados, intrigados, fascinados, por la vida pecaminosa de los no creyentes. Se podría pensar que, al luchar con el pecador, están luchando con su propia tentación.

 

La vieja idea de Walter Benjamin de que «cada ascenso del fascismo da testimonio de una revolución fracasada»: el ascenso del fascismo es el fracaso de la izquierda, pero, simultáneamente, una prueba de que había un potencial revolucionario, un descontento, que la izquierda no fue capaz de movilizar.

La principal tarea del poder estatal no es la regulación del bienestar de su población (salud, lucha contra el hambre); lo que realmente importa es la vida religiosa, la preocupación por que toda la vida pública se atenga a las leyes religiosas. Esta es la razón de que el EI permanezca más o menos indiferente ante las catástrofes colectivas en su territorio