Descubrir a Cartarescu desde la lectura de Lulu posiblemente no sea lo más apropiado para acercarse a este impresionante escritor, pero así ha sido. Y que Lulu es un extraño objeto del deseo que tiembla entre las manos, en cada párrafo leído en silencio, como un gorrión asustado, urdido en la incertidumbre de no saber que está pasando en tu propia mente, es un echo, puro y simple de que estás vivo simplemente.

Porque al final Lulu es una novela corta que recorre los fantasmas y la realidad atormentada y delirante de su protagonistas a través de un lenguaje brutal y sincero, que patea otras realidades del mundo desde una lógica violenta del propio existir, que escora hacia la locura de vivir sin saber qué y quienes somos realmente.

Que la trama principal transcurra en un campamento juvenil donde el portagonista está en los límites de la marginación absoluta, es sólo la escusa para desplegar, como un transatlántico de ideas, toda la existencia oculta de la realidad o la psicosis del mundo platónico de las ideas que cada uno de nosotros esconde entre sus miedos.

Lulu te rasga por dentro. No es una novela, es algo más allá de la novela. Ciertamente no sabes qué, pero algo nuevo, impactante y lisérgicamente diferente.