Yasunari Kawabata escribe en esta novela acerca del fin de la vida y de sus deseos y nostalgias, desde la comprensible perspectiva de un hombre mayor que empieza a descubrir su propia decrepitud y a la vez descrifra sus instintos más íntimos desde el placer que le produce la casa de las bellas durmientes: un curioso lugar en el que ancianos adinerados pagan por dormir junto a mujeres narcotizadas que no despertarán ocurra lo que ocurra en esa habitación.

Un impresionante estudio de la condición humana visto desde la perspectiva limpia y ordenada que da la lógica de la cultura japonesa, alejado en la forma y el fondo de ese otro maravilloso punto de vista a cerca de la misma decrepitud que ofrece la novela Elegía, de Philip Roth, pero igual de necesaria y deslumbrante.

Merece la pena gastar tres horas de tu vida en leer a Kawabata.

Más que tristeza o soledad, lo que lo perturbaba era la desolación de la vejez. Y ahora se transformó en piedad y ternura hacia la muchacha que despedía la fragancia del calor juvenil. Quizá únicamente con el fin de alejar una fría sensación de culpa, el anciano creyó sentir música en el cuerpo de la muchacha.