20 segundos tardé en comprarme el libro de Marina Garcés desde que descubrí que lo habia publicado. Despues de ese maravillo Filosofía inacabada que deboré hace un año, y del que, para recordarlo siempre, dibujé mapas mentales de las principales ideas de cada folósofo del que hablaba, todo lo que publica y dice Marina Garcés lo leo con radical apetito.

Aquí dejo cerca de 60 notas de esta nueva ilustración radical que debemos abordar con la urgencia y los apuros del condenado a muerte.

NOTAS:

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Cada época y cada sociedad tiene sus formas de ignorancia. De ella se desprenden sus correlativas formas de credulidad. La nuestra es una ignorancia ahogada en conocimientos que no pueden ser digeridos ni elaborados. La inter pasividad es una forma de actividad delegada que oculta la propia pasividad, más en concreto en todo aquello que no hacemos dejando que sea otro y normalmente una máquina que lo haga por nosotros.

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Lo que triunfa es una fascinación por los premoderno todo lo que había antes era mejor, como ha explicado Baumann en lo que él llama retrotopías, es decir, en utopías que se proyectan en un pasado idealizado.

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No podemos formarnos opinión sobre todo lo que sucede a nuestro alrededor. El doble límite de la atención, la recepción de datos, informaciones y su elaboración en forma de opinión y de saber tiene como consecuencia la parálisis ante un escenario desbordante. Una subjetividad desbordada es la que hoy se somete con más facilidad a la adhesion sin crítica a la opinión, ideología o juicios de otros. Puesto que no podemos formarnos una opinión sobre todo lo que nos rodea, seguimos o nos apuntamos a las que otros nos ofrecen ya formateadas sin tener la capacidad de someterlas a crítica.

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Con el combate contra la credulidad aparece un nuevo problema. No basta con tener acceso al conocimiento disponible en nuestro tiempo, sino que lo importante es que podamos relacionarnos con él de manera que contribuya a transformarnos a nosotros y a nuestro mundo a mejor. Si lo sabemos potencialmente todo pero no podemos nada ¿de qué sirve este conocimiento?

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El problema es que cuando la cultura se reduce a crítica de la cultura, su autonomía queda condenada a la autorreferencialidad. La filosofía como crítica de la filosofía, el arte como crítica del arte, latitudes de la literatura como crítica de las formas literarias etc. Esta circularidad es parte de nuestra experiencia póstuma, ya que se trata de un ejercicio de la crítica que solo puede moverse en el espacio que queda entre lo que ya fue y la imposibilidad de ser otra cosa, como un circuito de agua cerrada aparenta movimiento pero no va a ninguna parte mientras se pudre, es preciso salir de este bucle y situar la necesidad de la crítica en su raíces. La denuncia de la relaciones entre el saber y el poder no tienen interés en sí mismas sino que solo adquieren valor en sus efectos de emancipación.

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Frente a la servidumbre cultural, la crítica radical y su combate contra la credulidad y sus formas de opresión se convierte en crítica de la cultura. Es decir, en desenmascaramiento de la cultura como sistema de sujeción política.

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A lo largo del siglo XVIII, la experiencia directa de la prosperidad material sobre todo en la Inglaterra industrial y colonial alterará profundamente el sentido de esta exigencia moral, política y científica de hacernos mejores a través del saber. Poco a poco mejorar significará prosperar y el progreso del género humano se identificara con el aumento de la riqueza.

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Pero este desplazamiento del sentido de la emancipación por parte de la economía política es uno de los grandes giros que neutralizan la radicalidad de la apuesta crítica de la ilustración.

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Ya no se trata de que el verbo se haya hecho carne sino de que la carne produce verbos y que los verbos tienen consecuencias en la en las maneras en que vamos a vivir en nuestra carne

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La pregunta que guía a la ilustración no es, por tanto, el ¿hasta cuando? de la condición póstuma sino el ¿hasta donde? de la crítica. ¿Hasta dónde podemos explotar la naturaleza sin extraviarnos ni destruirla? ¿Hasta dónde podemos preguntarnos por los principios y los fundamentos sin prejuicios?¿ Hasta donde son válidos y para quién determinados valores morales? ¿y ciertos Dioses?, ¿Hasta donde queremos ser gobernados bajo ciertas leyes y por determinados soberanos? La crítica es un arte de los límites que nos devuelve la autonomía y la soberanía.

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La educación, el saber y la ciencia sucumben también hoy a un desprestigio del que solo pueden salvarse si se muestran capaces de ofrecer soluciones concretas a la sociedad. El soluciónismo es la cuartada de un saber que ha perdido la atribución de hacernos mejores como personas y como sociedad.

 

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La guerra anti ilustrada legitima un régimen social, cultural y político basado en la credulidad voluntaria

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Que toda liberación desemboquen en nuevas formas de dominación aún más terribles y que todo saber movilice nuevas relaciones de poder, es una obviedad, pero también es el argumento reaccionario con el que es condenado cualquier intento radical de transformar el mundo y de impulsar el deseo personal y colectivo de emancipación

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Es el efecto desmovilizador que el poder persigue hoy: ridiculizar nuestras capacidades de educarnos a nosotros mismos para construir juntos un mundo más habitable y más justo. Se nos ofrecen todo tipo de gadgets para la salvación: tecnología y discursos a la carta. Líderes y banderas. Siglas. Bombas. Se nos embarca en proyectos de inteligencia delegada, en los que por fin podremos ser tan estúpidos como los humanos hemos demostrado ser, porque el mundo y sus dirigentes serán inteligentes por nosotros. Un mundo Smart para unos habitantes irremediablemente idiotas

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Estamos a las puertas de una rendición, la rendición del género humano respecto a la tarea de aprender y auto educarse para vivir más dignamente.

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Nuestro tiempo es el tiempo de todo se acaba. Vimos acabar la modernidad, la historia, las ideologías y la revoluciones. Hemos ido viendo como se acaba el progreso: el futuro como tiempo de la promesa, del desarrollo del crecimiento. Ahora vemos cómo se terminan los recursos, el agua, el petróleo y el aire limpio y como se extingen los ecosistemas y sus diversidad. En definitiva, nuestro tiempo es aquel en el que todo se acaba, incluso el tiempo mismo.

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Lo que tenemos enfrente ya no es un presente eterno ni un lugar de llegada sino una amenaza. En vez de preguntarnos hacia donde, la pregunta que nos hacemos hoy es hasta cuando.

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Lo que ha cambiado es la relación con el presente, de ser aquello que tenía que durar para siempre, se ha convertido en lo que no puede aguantar más, en lo que es literalmente insostenible. vivimos así precipitándonos en el tiempo de la inminencia en el que todo puede cambiar radicalmente o todo puede acabar definitivamente.

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La ilustración no es un estado, es una guerra. Las caras de esta guerra anti ilustrada son muchas y se multiplican día día. En lo político, creación de ese autoritario que ha hecho del despotismo y de la violencia una nueva forma de movilización.

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Cuando hoy se afirma que el tiempo se acaba y se acepta caminar sobre la irreversibilidad de nuestra propia muerte, ¿de qué tiempo y de qué muerte se está hablando? Precisamente, del tiempo vivible. No está en cuestión el tiempo abstracto, el tiempo vacío, sino el tiempo en el que aún podemos intervenir sobre nuestras condiciones de vida. Confrontados con el agotamiento del tiempo vivible y, en último término, con el naufragio antropológico y la irreversibilidad de nuestra existencia, nuestro tiempo ya no es el de la posmodernidad sino el de la sostenibilidad.

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El sujeto, como conciencia de voluntad, ha perdido la capacidad de dirigir la actividad actual, la acción en el mundo, de ser por tanto el timonel de la historia.

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En los años 80 y 90 del siglo pasado, la globalización económica invitaba a la humanidad a celebrar un presente eterno hinchado de posibles, de simulacros y de promesas realizables en el aquí y el ahora. La posmodernidad elaboró el sentido y las tensiones de esta recién estrenada temporalidad. Liberada del lastre del pasado y de la coartada del futuro, lo que la globalización ofrecía era un presente eterno del híperconsumo, de la producción ilimitada y de la unificación política del mundo.

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En este presente el futuro ya no era necesario porque de algún modo se había realizado o estaba en vías de hacerlo.

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En la gestión de la vida, la producción de muerte ya no se ve como un déficit o excepción sino como normalidad. La muerte no natural no es residual, excepcional, no interrumpe el orden político, sino que se ha puesto en el centro de la normalidad democrática y capitalista y de sus guerras no declaradas.

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Es la muerte que la posmodernidad, con su celebración de simulacro en un presente inagotable, negó y que ahora vuelve, como todo lo reprimido, con más fuerza. … que el presente eterno del simulacro olvido y negó la muerte, aunque hablara de ella. Acogió la finitud y la fragilidad pero no la muerte del morir y la muerte del matar. Más concretamente olvidó la distinción entre el morir y el matar, entre la finitud y el exterminio, entre la caducidad y el asesinato.

El simulacro ocultó el crimen.

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Declararse fuera del sentido ya heredado, es todo lo contrario del analfabetismo como condena social. Es un gesto de insumisión respecto a la comprensión y la aceptación de los códigos, los mensajes y los argumentos del poder. Declararnos insumisos a la ideología póstuma es, para mí, la principal tarea del pensamiento crítico hoy.

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Poder decir «nos creemos” es la expresión más igualitaria de la común potencia del pensamiento.

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Entiendo la ilustración como el combate contra la credulidad y sus correspondientes aspectos de dominación.

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Entiendo la modernización en cambio, un proyecto histórico concreto de las clases dominantes europeas vinculado al desarrollo del capitalismo industrial a través de la colonización la modernización del mundo es un proyecto civilizatorio que dualista de la realidad en todas sus dimensiones y jerarquizar su valor lo antiguo y lo nuevo el tiempo pasado y el tiempo futuro la tradición y la innovación la raza blanca y las otras
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El combate contra la credulidad no es el ataque a cualquier creencia. Las creencias son necesarias para la vida y para el conocimiento. La credulidad en cambio es la base de toda dominación porque implica una delegación de la inteligencia y de la convicción.

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La ilustración no es el combate de la ciencia contra la religión, de la razón contra la fe.

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Lo que la ilustración radical exige es poder ejercer la libertad de someter cualquier saber y cualquier creencia a examen, venga de donde venga, la formule quien la formule, sin presupuestos ni argumentos de autoridad.

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Por eso Kant radicaliza aún más la puesta crítica: no solo necesitamos someter a examen las verdades que producimos, (las de la ciencia, la ley, los valores morales, etc). sino que la razón misma debe ser sometida también a su propia crítica, sospechar de sí misma e interrogarse siempre acerca de sus propios deseos y límites.

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La pregunta que quería la ilustración no es por tanto el hasta cuando de la condición póstuma si no hay hasta donde de la crítica hasta dónde podemos explorar la naturaleza sin extraviarnos ni destruirla hasta dónde podemos preguntarnos por los principios y los fundamentos sin prejuicios hasta donde serán válidos y para quien determinados valores morales y ciertos Dios hasta donde queremos ser gobernados bajo ciertas leyes y por determinados soberanos la crítica es un arte de los límites que nos devuelve la autonomía de la soberanía
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Si nos hemos quedado sin futuro es porque la relación con lo que pueda suceder se ha desconectado completamente de lo que podemos hacer. Por eso da igual saber, podemos saberlo todo, como decíamos, pero igualmente no podremos hacer nada con ello.
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En la utopía solucionista ya no se trata de aumentar la potencia productiva para ampliar las capacidades humanas, de lo que se trata es de delegar la inteligencia misma en un gesto de pesimismo antropológico sin precedentes, que lo decidan ellas, las máquinas, que nosotros, los humanos, no solo no es nos hemos quedado pequeños, si no hago enterándose sino que siempre acabamos provocando problemas
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La autovía de la inteligencia delegada se prepara para una nueva concepción de la supervivencia ni natural ni humana sino pos humana pos natural o sencillamente póstuma
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Hay una pregunta sin embárgo que ninguna forma de dogmatismo solucionista podrá llegar nunca a resolver es la pregunta que La Boetie en el siglo XVI consideraba la raíz de toda insubordinación a la servidumbre voluntaria ¿es esto vivir? es una pregunta como el mismo escribía que está al alcance de cualquiera y que puede aparecer en cualquier contexto de vida no apela a una objetividad calculable sino una dignidad que siempre puede ser puesta en cuestión retomar esta pregunta hoy y lanzar la contra la credulidad y servidumbre de nuestro tiempo es afirmar que el tiempo de la humanidad puede llegar a agotarse pero que lo humano es precisamente aquello que no está acabado
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El proyecto epistemológico del capitalismo actual tiene que ver con lo que desde hace unos años se denomina la cuarta revolución científica e industrial y que desborda la digitalización en la sociedad del conocimiento y la información
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La cuarta revolución es que tiene como objetivo el desarrollo de la inteligencia más allá y más acá de la conciencia humana poniendo en continuidad el mundo biológico físico y digital por tanto no estamos ante la mera mercantilización del conocimiento sino frente a la priorización de un determinado tipo de capacidades y de inteligencias que incluyen de manera muy directa también las inteligencias múltiples y emocionales es una revolución que ya no depende de un solo lenguaje científico sino que moviliza todos los saberes de los que disponemos hacia un solo fin hacer de la inteligencia como tal más allá y más acá del ser humano una fuerza productiva estamos hablando de una inteligencia más y menos que humana donde queda entonces la inteligencia como potencia reflexiva y autónoma el proyecto educativo que el capitalismo actual está desarrollando se sitúa en este marco epistemológico
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En el marco de este proyecto epistemológico y educativo global la desinstitucionalización de las humanidades tiene muchas caras la más significativas son las siguientes en primer lugar la reorientación del sistema público que de base del proyecto cultural y político del Estado nación pasa ser concebido como un elemento promotor del mercado competitivo de talentos competencias y patentes con ello las políticas culturales se despolitizar y los departamentos y consejerías pasan a manos de promotores consultores grupos empresariales fundaciones cintas en segundo lugar se da una progresiva desvinculación de la fuerza de trabajo a través de la precarización
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En los extremos de este fenómeno encontramos también la desmonetarización directa de las actividades que sobran o que no se adaptan a las condiciones que impone el nuevo régimen epistemológico y cultural son las que acaban se haciendo sin cobrar no porque así se desee sino porque esta es la condición para que se realicen
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La pregunta es: esta tendencia a la desinstitucionalización ¿es favorable o desfavorable? ¿Que limita y que permite? ¿De que nos libera la diseminación de la intelectualidad y a que nos condena su precarización?

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En estos momentos sabemos más acerca de la relación del saber con el poder que la relación del saber con la emancipación.
Si las humanidades tienen que ver con la capacidad de dar forma y sentido, libremente, a la experiencia humana y a su dignidad, tenemos que entender que su crisis está directamente relacionada con las distancia que se ha abierto entre lo que sabemos acerca del mundo y de nosotros, y nuestra capacidad de transformar nuestras condiciones de vida.

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Nuestro principal problema es redefinir los sentidos de la emancipación y su relación con los saberes de nuestro tiempo. ¿Qué saberes y qué prácticas culturales necesitamos elaborar, desarrollar y compartir para trabajar por una sociedad mejor en el conjunto del planeta? Redefinir los sentidos de la emancipación: en eso tiene que consistir las actividades humanísticas si quieren ser algo más que un conjunto de disciplinas en desuso.

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La tradición humanista occidental debe abandonar el universalismo expansivo y aprender a pensarse desde un universal recíproco. El humanismo es un imperialismo un imperialismo eurocéntrico y patriarcal.

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Se trata más bien de ocupar un lugar receptivo y de escuchar incluyendo no solo la alteridad cultural, sino también la tensión y el antagonismo entre formas de vida dentro y fuera de Europa. Esto implica no solo criticar sino también dejar atrás tanto el universalismo expansivo como el particularismo defensiv,o para aprender a elaborar universales recíprocos o como decía MarleauPonty, universales oblicuos, es decir, aquellos que no caen desde arriba sino que se construyen por relaciones de lateralidad, de horizontalidad.

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En el destino común de la humanidad, el hecho epistemológico más relevante de nuestro presente es el redescubrimiento de la continuidad natural naturaleza-cultura.

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Como explico Klaus Schwab, uno de los impulsores de la cuarta revolución científica industrial, en la presentación en el foro de Davos 2016, el reto hoy es desarrollar un abanico de nuevas tecnologías que fusionan los mundos físico, digital y biológico, de tal manera que implican a todas las disciplinas, economías e industrias. En este desafío se abre muchos interrogantes y no son los mismos para todos. Desde el punto de vista del capital, la pregunta es selectiva: ¿quien estará en condiciones de subirse a la ola de esta cuarta revolución? ¿Qué países, qué instituciones qué empresas y que personas individualmente seleccionadas según sus talentos? ¿Y cuales quedarán excluidos y reducidos a fuerza bruta o excedente humano? Desde un punto de vista ético y político, en cambio, lo que está en juego es el sentido mismo de la dignidad y de la libertad humanas en su condición de universales recíprocos a elaborar de manera compartida.

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Hemos perdido el futuro pero no podemos seguir perdiendo el tiempo. Con el cambio de siglo y de milenio, con la crisis económica, ambiental y civilizatoria, ya no solo se pone en cuestión la versión liberal del relato moderno basado en la prosperidad indefinida, sino que también los posibles abiertos por la crítica posmoderna son ocupados por la destrucción y el miedo . Sin futuro, es decir, sin horizonte de progreso y de mejora, ¿qué pueden aportar un legado y una herramientas culturales, las del humanismo europeo, que partían de esas premisas y que las han visto fracasar.

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Que las humanidades estén hoy en transición significa que el sentido de lo humano está en disputa. No es una querella ociosa ni gratuita, en ella se juega el interés de todos contra los intereses del capitalismo actual.

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No se plantea, por tanto, desde una batalla del non-profit contra el beneficio… estas son aún visiones idealistas, propias de una burguesía que podía separar con qué alimentaba el estómago de con qué alimetaba el espíritu. Actualmente el precariado de la cultura, de las humanidades y de la academia, no puede ni quiere separarlo. Aún menos, los millones de vidas que están tocando ya hoy los límites de lo invivible.

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En la actual disputa por lo humano, lo que necesitamos es elaborar el sentido de la temporalidad, más que promesas y horizontes utópicos, relaciones significativas entre lo vivido y lo vivible, entre lo que ha pasado lo que se ha perdido y lo que se está por hacer, apropiarnos del tiempo vivible y de sus condiciones compartidas, recíprocas, igualitarias, contra el dogma apocalíptico y su monocromía mesiánica y solucionista.

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Nos queremos, somos capaces de decir mientras desde muchos lugares rehacemos los hilos del tiempo y del mundo con herramientas afinadas e inagotables.

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