Casi como un exquisito ejemplo de lo que el patriarcado representa en nuestra sociedad, he llegado hasta Mina Loy desde la biografía de otro poeta, mucho menos importante que ella, mucho menos poeta, mucho menos artista, pero mucho más famoso y mediático también. Y más famoso simplemente por su vida de escándalos y la constante extravagancia de todos sus actos. Era el poeta boxeador de una época de vanguardias literarias sublimes: Arthur Cravan

Y es que Mina Loy y Arthur Cravan se conocieron y se enamoraron, y compartieron su felicidad y su poesía hasta que, Cravan, navegando por el Golfo de Méjico hacia Argentina, desapareció para siempre en el mar.

Nunca se encontró su cuerpo… y Mina Loy le esperó en la playa, al borde de la orilla, mirando hacia el mar.

Leer a Mina Loy es adentrarse en aquellos felices años 20 de la Belle Epoque y descubrir el inicio de esa maravillosa discrepancia estilística entre la poesía americana y la europea de finales del siglo XIX principios del siglo XX. Esa diferencia entre las vanguardias europeas -futuristas, surrealistas…- y sus coetaneos americanos: Carlos Williamns, Ezra Pound… Y eso que Mina Loy era inglesa, que vivió en el París bohémio y artista de pre guerras y que fue amiga y compañera de Guillaume Apollinaire, Pablo Picasso y Henri Rousseau

Su poesía es desconcertantemente original por su estilo y lo asombrosamente moderno y átipico de sus temáticas, sobre todo considerando en los años en los que se escribieron esos poemas: el erotismo, el cuerpo femenino y sus placeres, la maternidad.