Precedida de unas críticas bastante buenas, cae en mis manos la novela de Pedro Mairal la Uruguaya. Novela corta, concisa, con un lenguaje directo y rotundo aunque detallista en los aspectos y formas, pulcro en las pequeñas descripciones más orientadas a lo melancólico que a lo formal de la realidad que describen, la Uruguaya es una pequeña maravilla de orfebrería literaria. Y a demás, una preciosa historia de amor y crisis de madurez. Y una dentellada concisa a la realidad argentina del corralito de hace unos años. Y un juego de luces que te enseña la vida misma, sus prioridades, sus principios irreductibles.

Indispensable.

 

era flaca, con energía terrestre, nada volátil

 

El enamorado es como el paranoico, cree que todo le habla a él. Las canciones de la radio, las películas, el horóspoco, los volantes de la calle…

 

¿Y yo cuánta plata le habré costado a mi padre? Desde mi nacimiento en el sanatorio de la prepaga hasta las últimas veces que le pedí un préstamo, poco antes de su muerte. Desde que aparecí en el mundo fui un derroche de billetes: casa, comida, clubes, colegio inglés, uniformes, ortodoncia, vacaciones en la playa, semanas de esquí, viajes a Europa, regalos, un caballo, universidad privada, nafta, chapa y pintura de varios choques, gran parte de nuestro departamento de Coronel Díaz. Toda esa plata que me había formado, me había hecho pertenecer a un grupo social, una serie de amigos, una manera de hablar, y eso era curioso: la plata había formado mi lengua.

 

La marihuana tejía teorías instantáneas que me parecían geniales y, cuando intentaba retenerlas para acordarme después, se desarmaban en el aire.

 

Y lo escribo así porque no eran diálogos ordenados uno después de otro sino palabras al oído, sin espacio en el medio.