Conciso y pulcro, Adam Zagajewski  se relaciona con la poesía a través de poemas que fluyen como acompañados de tiempo quieto que los remueve en si mismos y los hace girar hacia un entorno que que le sirve de cioartada para describir, a veces irónicamente, ideas de un humanismo universal.

Adam Zagajewski planea suavemente sobre la realidad cotidiana de la vida sin incrustarse demasiado en ella, pero conquistándola para los que Negri denominaría la multitud y no para el pueblo constituido en simple uniformidad arrolladora.

Zagajewski libera lo cotidiano para mejorar nuestro concepto del mundo y de los otros.