No me quedan más versos de Trastroner: con un infarto cerebral, desgraciadamente, no creo que escriba muchos más poemas: nos perdemos algo diferente y extraño, como una mirada de asco directa a nuestro orgullo. No es lo mejor que he leído en poesía -hay tanto… Hay tan bueno…-, pero me parece imprescindible leerle y disfrutarle como un niño disfruta una caricia: como todos los grandes, cuando cierras el libro sabes que eres mejor persona que antes de leerlo.

 

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