«Cuando la voz se ha ido
sigue en la piedra muda el sufrimiento»


 

apartamiento-juanramonjimenez

 

Pase lo que pase tengo que decirte algo importante: hay veces en los que da igual que la mayoría de la gente diga que algo es maravillosamente perfecto, que las cosas deben ser de esta manera y no de aquella otra y que lo correcto es leer a ese o aquel otro escritor. A veces lo importante es simplemente descubrirlo por ti misma, coger esto o aquello y leerlo, paparlo despacio y  dejar que se te agarre y te destroce… y si no lo hace, si simplemente vale para otros, si de repente ves que no te llena ningún vacío, ninguna causa, dilo en alto, grítalo desde tu soledad íntima a todas partes: olvídalo y corre a otra cosa a otro poeta: hay miles.

No siempre los eruditos tienen razón. Algo puede ser perfecto y sublime y no gustarnos.

Esto es lo que me ha ocurrido con Juan Ramón Jiménez. Y es que tras cerrar el libro Apartamientos, apenas salvo de todos sus poemas dos o tres perdidos entre otros dos o tres versos también sublimes: el resto me han parecido superfluo y rimbombante, como verjas de hierro forjado pesadas y oscuras que no dicen nada sino vejez y deterioro. No me han gustado nada estos poemas. Me ha parecido que el trasfondo de todo no llevaba a ningún sitio, que no decían nada, que no había ninguna idea detrás, ningún regalo, que simplemente quedaba el pasar lento de los días en jardines y tristezas que tampoco decían mucho, ni tan siquiera algo de profunda melancolía que siempre hace de salvavidas al poeta.

La sensación ha sido que simplemente debajo de la manta no quedaba gran cosa y que el premio Novel de Platero y yo no me interesaba en absoluto.

 

Será un gran poeta, pero a mi no me dice nada.