Esta vez  Vargas Llosa no me ha gustado tanto. Supongo que porque  conversaciones en la Catedral es comparable a la Casa Verde y son palabras mayores, no sé. El caso es que, aún siendo un libro que recomendaría a cualquiera leer, me parece que le falta mucha  fuerza en el mensaje, punche que dirían los boxeadores, ese algo que debe guardar todo libro en algún rinconcito de sus paginas  y que te regala sólo cuando lees las últimas palabras y lo cierras y te miras las manos y respiras. Este libro no me ha dejado nada de eso, al cerrarlo he pensado ¿ya? ¿no hay más?, me ha dejado quizá un poco de la historia de la revuelta de Canudos y ciertos personajes curiosos pero poco profundos que tampoco me han aportado mucho, no sé, me ha pasado un poco lo contrario de aquel maravilloso profesor de universidad creado por Bolaño en su épica 2666, Óscar Amalfitano, que según le vas leyendo y leyendo te vas acercando más a él hasta no querer que termine su historia porque siempre quieres saber más de lo que te cuenta o de lo que le ocurra.

Pero vamos, hablamos de un premio Nobel así que no será yo quien le regañe.

Léelo y decide.