Me gusta saber que lo he leído todo. Me gusta, si existe, leerme las poesías completas de los poetas que admiro, es  cuestión de necesidad: quiero saber qué ha quedado de ellos, que querían decirnos, porque , desde dónde.

Con Jaime Gil de Biedma me ha ocurrido que , sencillamente, se me ha hecho corto: una lujuria de versos que acaban demasiado pronto. Toda su poesía no ocupa más de 255 páginas. Ya está, eso es todo. Se ha muerto. No hay más. En vida no quiso escribir más. Ya había dicho todo, dijo.

La verdad es que se te queda corto. Necesitas más. La impresión es de que una poesía tan amañadamente simple se te puede quedar algo fuera de lo que esperas, se puede ir diluyendo en una simplicidad tan ficticia como engañosa: Gil de Biedama sabe lo que quiere decirte, parece como que sabe quien eres y lo que esperas de él y te lo va presentando despacito, como si fuese un donativo.

Y luego está esa contundencia social de niño bien de la burguesía catalana cabreado consigo mismo, un poco a lo Marcel Prust, con ese «APología y petición» que bien podría servir de argumentario poético-político a e España de este 2014 de corruptos y miserables.

 

Aquí lo dejo:

 

apologia-y-`eticion-gil-de-biedma

 

O ese «No volveré a ser joven» que te drestoza el alma…

O estos otros versos:

«Casi me alegra

saber que ningún camino

pudo escaparse nunca.

Visibles y lejanas

permanecen intactas las afueras»

 

Merece la pena leerlo entero.

Es vital.

O este poema que acaba con un verso tan pacífico como grandioso:  «y ese beso igual que un largo tunel»

 

poema de gil de biedma

Otros versos suyos: