Hacía mucho que no me pasaba que al ir llegando el final del libro he acelerado la lectura para terminarlo antes… pero no por una necesidad literaria de saber cómo terminaba ni por ninguna ajena al propio libro y su lectura, sino porque necesitaba terminarlo y empezar otro rápidamente: este se me ha hecho monótono y lento, burocrático si cabe.

La historia no dice gran cosa, no aporta nada nuevo al simple pasar de la vida monótona de cualquiera, no ofrece ninguna curiosidad a parte de la simple sencillez de su anodino recorrido hacia un punto final sin muchas sorpresas.

Si es verdad que Benedetti es un genio creando personajes y es por este lado por el que la novela se disfruta y admira y nos permite comprender que no se ha perdido el tiempo leyéndola: los comentarios ácidos y vengativos de Martín Santomé sobre el resto de seres humanos que pululan alrededor de la obra y sus actitudes ante la vida  perfilan un mundo tan real que casi se palpa.

Es por aquí por donde todo acaba bien, donde cerramos el libro y sonreímos… y a por otro.