La verdad es que me encanta Philip Roth, este es el tercer libro suyo que me leo y creo que es el que más me ha gustado de todos ellos. La historia es sencilla: alguien muere y desde esa primera escena en el cementerio en la que sus seres queridos lo entierran, la voz narrativa nos va llevando, cuesta arriba, como destellos de vida que pasan ante los ojos del moribundo, hasta los primeros días de su infancia, siempre rozando esos momentos de su vida en los que la muerte le ha guiñado un ojo con demasiada confianza.

Philip Roth se vuelve tremendamente reflexivo, pausado y grave en esta novela en la que encara la descomposción del ser humano y su irremediable final. Hay un coraje de saber que nos va llegando la hora a nosotros mismos y no podemos evitarla ni guardarle rencor y un cierto halo dehonestidad y felicidad a pesar de ello.

 

¿O acaso  dedicarme a pintar había sido un intento de librarse del conocimiento de que naces para vivir y, en cambio, te mueres? P. Roth.

 

La vejez no es una batalla, la vejez es una masacre. P. Roth.

Es una novela perfecta: pura vida, ya digo.